MapaCarbonoEl Proyecto trabaja en el desarrollo del Sistema Operativo de Sensores Remotos como parte del Sistema de Medición, Reporte y Verificación (MRV), para lograr obtener una estadística anual certera del cambio de uso de suelo en el país.

Para ello la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático (plataforma gubernamental que coordina la formulación de políticas de acción climática en el país, entre las que se encuentra la Estrategia Nacional REDD+), designó a la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), para desarrollar este Sistema Operativo de Sensores Remotos.

El Dr. Frank Michael Oliver Schmidt, Especialista en Proyectos Interinstitucionales de la Conabio, es quien encabeza este componente del Proyecto.

Por lo pronto se ha determinado que el cambio de uso de suelo se medirá en forma anual, a través de parcelas con una superficie mínima de 0.5 hectáreas en zonas que cuenten al menos con una cobertura vegetal del 10 por ciento, con individuos se al menos de un metro de altura; con indicadores cuantitativos, respecto a la superficie, y cualitativos, en el tipo de bosque; esto en una forma multidireccional en un periodo de 10 años, para lo que se mapearán entre 12 a 22 ecosistemas; obteniendo resultados con un mínimo de 80 a 85 por ciento de precisión.

Actualmente se cuenta con valiosa información y mapas de referencia a diversas escalas desarrollados por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en cinco Series de uso de suelo y vegetación, el Sistema de Monitoreo de cambio de uso de suelo de Norte América (NALCMS, por sus siglas en inglés), datos de la Red Latinoamericana de Seguimiento y Estudio de los Recursos Naturales (Serena); y por la Comisión Nacional Forestal (Conafor), en el Inventario Nacional Forestal y de Suelos (INFyS), abarcando una línea de tiempo desde 1979 hasta 2008.

Además se están usando mapas obtenidos en años pasados por los satélites Landsat (se tienen poco más de 74 mil mapas), SPOT (con 500 mil imágenes), y actualmente con RapidEye, el cual es el único sensor que cubre la superficie nacional todo el año, con lo que se obtendrán imágenes satelitales en dos ocasiones al año en cada punto de muestreo: uno en temporada de estiaje (enero – abril) y otro en temporada de lluvias (mayo – octubre).

Esto implica un reto, ya que cada instrumento tiene sus ventajas y desventajas respecto a la cobertura, nubosidad, costos, temporalidad, resolución, entre otros; pues fueron levantados con distintas metodologías, interpretaciones y tecnología. Sin embargo la Conabio ha logrado desarrollar un sistema que procesa automáticamente los datos para estandarizar la información.

El grupo de expertos de la Conabio realizan una serie de pasos para procesar los mapas satelitales, el proceso inicia con la selección de la imagen, a la cual se le aplican filtros para eliminar la nubosidad y posteriormente se toman los índices de vegetación y características multitemporales de estadística descriptiva, para luego segmentarla por ecosistema y validarla con los instrumentos de referencia y de esta manera poder compararla para identificar la deforestación, esto en base a dos productos que se obtienen a escala 1:20,000 con RapidEye y 1:100,000 con Landsat.

En otro aspecto que se está avanzando es en la medición de la degradación forestal, en el contexto REDD+ se marca que el Índice de integridad de los ecosistemas debe incluir componentes temporales, espaciales y estructurales, así como de flora y fauna; en este sentido el INFyS de la Conafor ya provee información sobre diversidad estructural, es decir que tan compleja es la estructura vertical de la vegetación; por su parte la Conabio cuenta con un Sistema Nacional de Información de Biodiversidad (SNIB), que tiene información como especies indicadoras de degradación o impacto, la riqueza sobre los grupos funcionales, calidad del hábitat, diversidad funcional de los árboles, entre otros.

Sin embargo hace falta transitar hacia el monitoreo por lo cual la Conabio ya trabaja en una propuesta metodológica para el Sistema de Monitoreo de Biodiversidad, en una primera instancia para determinar el tamaño de la muestra necesaria para representar la biodiversidad de los ecosistemas mexicanos.

Se trabajó con una propuesta que combina las Zonas de Vida de Holdridge y las Ecoregiones de la Conabio, así como modelos de distribución de mamíferos, aves y densidad de plantas basados en el SNIB, con lo que se determinó la necesidad de más de cinco mil puntos de muestreo, en donde se tomarían indicadores de huellas de animales, hongos, plumas, pelo y heces; además la colocación de foto trampas y micrófonos para determinar el paisaje del sonido.